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Misión profesional

 Emprender es muy duro… yo sé que está de moda y que es ¡super cool! ser emprendedor, pero la verdad es que cuando inicié por allá a principios de los 2000 era algo extraño, inseguro y totalmente impredecible.

En esa época aprendías de una sola forma: equivocándote y era terrible porque siempre era con algún cliente o con un proveedor y muchas otras con hacienda…

Me costó mucho –aunque estudie administración y negocios- la complejidad que recae en una persona que tiene un negocio, cuando eres quien crea la magia, el administrador, la secretaria, aprendiz de abogado, estratega digital, vendedor a tiempo completo y terminas totalmente EXHAUSTA!

Ser wedding planner y administrar mi propio negocio eran dos cosas muy difíciles porque en ambas facetas:

  • Escaseaba la información de calidad
  • No existían cursos adecuados
  • No había “industria” ni “comunidad” que te guiara

Estaba sola, con mis mejores deseos, mi emoción por las bodas… poco a poco fuimos creciendo, aprendiendo, haciendo equipo con algunos proveedores quienes fueron nuestros mentores y luego comenzamos a hablarnos y a unirnos, más y más colegas empezamos a conectarnos, a traer capacitación, abrir espacios para compartir nuestros problemas y soluciones… ya en el año 2007 las cosas empezaron a cambiar.

En este año, pasaron muchas cosas, la economía flaqueó, empezaba la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la incertidumbre todo a la industria y poco a poco todo se fue frenando, ese mismo año me di cuenta que los novios y novias eran distintos…

A las parejas ya no les gustaba lo que ofrecía, me daban largas o simplemente ni siquiera devolvían mis llamadas… además empezaron a salir wedding planners de la nada! Que además cobraban muy por debajo de quienes estábamos trabajando en ese entonces, pero que empezaron a “abandonar” las bodas a medio camino…

Fue muy muy frustrante, solamente ese año “rescatamos” 4 bodas, sin presupuesto y con parejas totalmente disgustadas por lo que les había pasado.

Ahí decidí que tenía que hacer algo…

Si iban a salir más personas a hacer bodas, por lo menos que las hagan bien y que fueran sinceros y honestos con los novios, por el bien de la industria y contra muchas opiniones comencé a armar el primer programa de formación para wedding planners… no era perfecto, pero es lo único que había, al pasar el tiempo lo perfeccioné, paso de ser un curso de fin de semana, a casa 12 sesiones en total.
 

Posteriormente, escribí mi libro WOW QUE BODA Secretos de una wedding planner para una boda inolvidable, a petición de una muy querida pareja, que después de su boda me hizo está pregunta: “Dagyi, nuestra boda fue más que maravillosa y te pagamos lo que tú nos cobraste, pero has pensado ¿qué pasa con las parejas que no pueden pagarte? O qué no están en México, como pueden tener está misma satisfacción que tenemos nosotros”…

Justo en ese momento estaba a punto de iniciar una peregrinación  por motivos muy personales, fue el año 2009 y mi vida personal estaba totalmente de cabeza! Y ahora está pregunta, que en los 10 días de peregrinación no dejo de resonar en mi cabeza… y si, decidí escribir ese libro.

Ese libro significo para mí, re enfocar mi forma de hacer bodas, mi motivación personal por ayudar a otras parejas a vivir un día especial, celebrando el amor, la esperanza de un futuro maravilloso, el inicio de una familia…

Comencé activamente un proceso de compartir información con mis colegas, comencé a participar en ciertas instituciones que me dieron espacio para compartir mi mensaje, ayudar a otros emprendedores, validar sus ideas, escucharlos y apoyarlo, me toco escuchar a una querida colega, Gabriela Oviedo y su proyecto de Carrera de Novias, a Isabel González con su Pasarela de Bodas sin límites, empecé a ver con mis propios ojos como profesionales y personas muy valiosas empezaban a hacer crecer sus proyectos y a cambiar el rumbo de nuestra industria.

Comencé a viajar por Latinoamérica

Aquí comprendí que nuestros retos son los mismos y que si yo ya solucioné un problema es mi deber moral compartir la solución, también aprendí que no hay problema imposible de solucionar, en cada país aprendí cosas nuevas, nuevas formas de celebrar, nuevas maneras de hacer que los novios vivan a plenitud su día especial.

Desde ese entonces, parte de mi misión personal y profesional es construir soluciones: para ti, para mí y para todos los que estamos en esta hermosa misión de vida.

 

Trabajar en las bodas no es una profesión es una vocación…  y cuando hacemos bien nuestro trabajo y damos esa milla extra tocamos vidas y corazones, eventualmente cambiamos la vida de una pareja, de una familia, permitimos que el amor pase, sin que se distraigan con la “carpintería”.

Nuestra industria es hermosa por las vidas que impactamos positivamente, que no solamente son la de nuestros novios…  he visto familias enteras dedicarse a las bodas desde el servicio de alimentos, artesanos, fotógrafos, diseñadores, floristas, carpinteros, cocineros, empresarios, freelancers.   

Esta es una industria intensiva en mano de obra, las bodas ayudan a muchas familias a progresar y esta misma prosperidad es la que ahora busco que se siempre en cada destino de bodas.

 

Podemos hacer un circulo virtuoso con cada boda, con cada experiencia que creamos, un intercambio justo y perfecto, trabajando en lo que más nos gusta, sembrando prosperidad en nuestros destinos y comunidades, elevándonos juntos a una experiencia de vida mucho mejor

 

¡yo sí creo en esto y es lo que me mueve! y si resuena contigo, acompáñame, hay mucho por hacer.